El grupo inicial somos Ratilla, Carla, Jesus y yo como parte del Grupo Espeleológico Niphargus, y también Petra como acompañante. Finalmente se nos une el Romo, un futuro miembro del GEN, y un colega suyo.
Hemos quedado en el parking de la cueva, junto a la localidad de Eguino, el día 4 de Julio, y como es una actividad cortita no vamos a madrugar demasiado. A eso de las 11:30 salimos en calzoncillos camino a la cueva.
La aproximación no es muy larga, una hora aproximadamente, en la que el tramo mas duro es la subida del comienzo, un poco pindia, hasta que llegamos a los zigzags y se hace más llevadero. Debemos subir toda la pendiente para cruzar a la otro lado del monte y acceder a la boca. Vamos, que hay que subir la ostia para luego volver a bajar otro buen cacho hasta la entrada, siendo además muy fácil que nos perdamos un poquito a la hora de encontrar el mejor punto para bajar una vez que estamos en lo alto del monte.
De hecho, cuando llegamos arriba, nos encontramos con otros 2 grupos que llevaban una media hora dando vueltas para encontrar la bajada, y eso hizo que nos dirigiéramos todos a la vez a la entrada de la cueva y se formara un buen atasco haciéndonos esperar mas una hora y media para acceder al primer rápel.
Pero como en buena compañía todo se pasa bien, no hubo mayor problema e hicimos tiempo hasta que se despejó un poco el asunto.
A las 14:15 estamos empezando con el rápel de acceso, por la izquierda, desde un árbol y un pequeño destrepe.
Poquito a poco y con calma, un pasamamos, otro rápel hasta el cauce y nos vamos adentrando en la oscuridad, dejando la luz atrás, siempre en un profundo trazado en el que muchas veces no alcanzaremos a ver el techo con la luz de nuestros frontales.
La cueva es muy facilita con poco caudal como era el caso, está perfectamente instalada y el rápel más largo es el de entrada de 23 m y uno de 14 m en el que podemos forzar un tobogán.
Un rato antes de salir ya veremos la luz, que nos indica el final del recorrido, pero todavía nos quedan algunos rápeles, saltos, toboganes, un pequeñísimo sifón y algunas pozas muy bonitas.
Y finalmente salimos a terreno abierto con algún turista sorprendido de vernos aparecer y un montón de domingueros que nos dan una envidia de la ostia con unos chiringuitos montados del copón para pasar el día, léase mesas a saco, bien de carnaca, vino, bebidas alcohólicas, y de todo para darse un buen atracón, así que nosotros hacemos lo propio y después de vestirnos como personas normales, nos damos un banquete.
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