jueves, 10 de junio de 2010

Barranco Diablozulo

01  de Mayo de 2010



El Diablozulo es un divertido barranco que se encuentra en Navarra, en la localidad de Monreal. Allí nos dirijimos la noche anterior para hacer el barranco, sin muchas esperanzas de que tuviera algo más que un hilito de agua bajando por el cauce. Esto es debido a que es el primer barranco de la zona en secarse, después del Licebar, que es complicado encontrarlo con agua.




Con las furgonetas y un par de tiendas, después de juntarnos gente de La Rioja, Aragón y Burgos, dormimos en la campa que hay al final del pueblo. Toda la noche lloviendo nos hace esperanzarnos pensando en encontrar algo de agua para el descenso.




Por la mañana, dejamos uno de los coches en la salida del barranco y aprovechamos para mirar el último rápel, llevándonos una grata sorpresa. No solo hay agua, sino que el caudal es suficiente para disfrutarlo y darle un poco más de emoción al descenso.





Somos varios los integrantes del Grupo Espeleológico Niphargus, y nos apañamos con 3 cuerdas de espeleo para hacer el barranco.  Tenemos intención de hacer el Artazul el domingo, así que llevamos 2 cuerdas de 46 metros y una de 34.



Este barranco es una sucesión de pequeños rápeles separados tan sólo unos metros los unos de los otros, por lo que se hace muy entretenido a la vez que indicado para la iniciación en el barranquismo: no hay reuniones complicadas, pasamanos obligatorios, marmitas trampa, saltos ni sifones en los que complicarse la vida. Pero si hay algo por lo que destaca este descenso es por la exuberante vegetación que rodea las paredes, selvática y salvaje que aporta un fantástico marco a cada rincón del barranco.




Con uno de los coches en el punto de retorno, nos montamos en la furgo y vamos hasta la parte superior del barranco. Se accede cruzando el pueblo y un pequeño puente y ascendiendo por la carretera que sube al monte, pero cogiendo un camino a la derecha en una curva cerrada al poco de empezar a subir, junto a una finca cercada. Por ese camino recorreremos un trozo hasta dejar el coche en un apartadero en la zona izquierda o intentar subir un poco más si tenemos un todoterreno.

En este punto nos cambiamos y terminamos la aproximación con 20 minutitos caminando, lo justo para calentar un poquito :-D



La entrada al barranco se encuentra en una curva a la derecha donde se pueden ver las paredes del cañón. Tomaremos un caminito entre el boj para rapelar un pequeño resalte de roca que nos pone en el cauce.

Una vez hemos llegado allí, comienza la diversión. 20 rápeles nos esperan uno detrás de otro, por lo que es aconsejable llevar varias cuerdas si somos grupos grandes, en nuestro caso 9 personas. Nosotros fuimos los primeros en entrar, pero vino un grupo de 8 personas que parecía que se movian mejor que nosotros, ya que en nuestro grupo había una persona estrenándose en los barrancos (y los rápeles) y otras con poca experiencia. El grupo de 8 personas nos adelantó sin nostros decirselo colocando su cuerda en la misma argolla por encima de nuestra cuerda, haciendo que los que faltaban por rapelar de nuestro equipo tuvieran que esperar a que ellos terminaran y además rozando nuestra cuerda en un punto al tirar la suya. En resumen, justo como no se deben hacer las cosas. Para colmo, tuvimos luego que esperar un buen rato a que ellos terminaran de rapelar el R28.

En fin, después de estar mas de media hora parados a causa del grupo que venia detrás nuestro, seguimos el descenso incorporando a nuestra tropa dos chicos de Pamplona que venian por detrás.


A partir de ese punto, el descenso se realiza con fluidez bajando una cascada tras otra, y con algún destrepe, hasta salir del barranco.



Una vez más, hemos disfrutado en el Diablo Zulo, en esta ocasión iniciando a alguien en esta fantástica actividad, así que no podemos quejarnos.



Despues de cambiarnos nos damos un buen homenaje y nos encaminamos al nacedero del Arteta para hacer el Artazul al día siguiente.

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